Viaje a Japón. Día 2. Tokyo: pescado, jardines, palacios y luces

Nuestro tercer día en la ciudad de Tokyo conseguimos levantarnos en hora para estar sobre las 9 por el mercado de pescado. Ya ves tú, qué pintaba yo allí. Es lo que hace el amor. Allí estuve yo viendo miles y miles y miles de peces y criaturas con las que esta gente esquilma los mares del planeta.

Salí de allí más greenpeacer y vegana que nunca. Y encima en los puestos de sushi había una cola del copón y  Gonzalo no quiso hacerme esperar para que yo no pudiera comer nada y verle a él a dos carrillos. Qué majete, ahora lo entendéis más, ¿no?

Foto de Gon Vázquez
De ahí nos fuimos a los jardines del parque Hamarikyu (andando, of course) que también son muy chulos. Aquí también tienen sello de turista friki. Si os mola el rollo barco hay una especie de metro-autobús que lleva de Asakusa hasta los jardines. Dentro de los jardines la visita es muy cómoda y tranquila, casi no había gente porque nos salió un día lluvioso y gris. Lo que más me gustó es la zona de la casa de té y los puentes de madera que llevan de una a otra isla dentro del lago más grande del jardín.
Tras los jardines, paso por Starbucks (cafeino-manía en aumento) en otro mega centro comercial de la zona de oficinas (hay millones), y paseo al Palacio Imperial. Así pasamos por Ginza, otra zona de compras pijas de la
ciudad. El palacio sólo se intuye, pero los jardines que se pueden visitar (gratis) están muy bien. En concreto el jardín de los iris estaba en todo su esplendor. Ahí un jubileta japonés se entretuvo en explicarle la teoría del color del iris a Gonzalo. Por supuesto en japonés, así que Gonzalo no se enteró de mucho, pero fue divertido.
Comimos en la department store del Marunochi Building, y seguimos nuestra caminata de vuelta a Ginza. Cogimos el metro de vuelta al Edoya y descansamos esa tarde porque estábamos fundidos. Al caer la noche fuimos
a Akihabara a ver las luces (parecemos mosquitos, ya lo sé, pero es que molan). Y con eso y un bizcocho…

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