Viaje a Japón. Día 11. Nara

El segundo día de nuestra estancia en Kioto, tras haber conocido alguna de las perlas de la ciudad, decidimos escaparnos a Nara, una ciudad a una hora de distancia en tren (varios trenes salen desde Kioto Station, cada 15 minutos, los hay más rápidos y más lentos) que es básicamente otro recinto sagrado lleno de templos. Por cierto, que buscando información para este post me entero (en la wikipedia) de que Nara está hermanado con Toledo. Fíjate y nosotros allí sin saberlo.

Total que llegamos a Nara, paseíto-subida a la zona de templos y ea, ya te puedes hartar de dos cosas: recintos sagrados y ciervos. Que al parecer son mensajeros de los dioses. Pero luego ya vimos que había dioses tortuga, mensajeros de los dioses mono, o libélulas mágicas, así que creo que más o menos todos los animales tienen un punto místico para los japoneses.
Imagen de algunas de las juntas de madera del tejado del Tödai-ji.
El plato fuerte de nuestra visita fue el Tödai-ji, un templo con un buda gigante de madera en su interior. El buda se llama daibutsu, “buda que brilla a lo largo del mundo como el sol”. No impresiona mucho, ni brilla, pero sí el edificio que lo contiene, que el más grande del mundo de madera. Y eso que queda sólo un tercio de lo que fue en su día.
Allí estuvimos frotando estatuas, pasando por inciensos, pidiendo por la familia y los amigos y para que se nos quitaran los dolores. Había un agujero en una columna por el que se pasaba si te tirabas al suelo, y luego he leído que tiene el tamaño de los agujeros de la nariz del buda, y que si lo pasas, se te garantiza la iluminación. Pero nos dio miedo meternos y acabar saliendo en “Españoles Monguers por el Mundo” por habernos quedado atrapados, así que aquí estamos, pagando todavía a los de Iberdrola.
Estuvimos un rato más paseando por los templos que hay en la zona superior, alguno con unas escaleras, linternas de piedra y vistas muy bonitas, uno que nos gustó fue el Kasuga-taisha, donde nos encontramos otra boda, pero ya véis qué diferente, nos hizo mucha gracia.
No puedo recomendaros dónde comer porque a Nara también nos llevamos picnic… y también os lo recomiendo porque los templos están a un paseo de la civilización donde hay más opciones para comer.
Al volver a Kioto nos encontramos con ¡geishas! Las únicas que vimos en el viaje 🙂 Estaban en Kioto Station ya que había una feria de artesanía y tradiciones de Kioto, y había varias exhibiciones de baile de geishas. Era bonito, la música un poco rara para un occidental, pero seguro que verlo en un teatro o en una casa de té, ambientes pensados por y para su arte, merece mucho la pena. Por cierto que estuve leyendo las memorias de la geisha que inspiró la famosa novela y posterior película durante el viaje a Japón, os recomiendo llevaros lectura relacionada con el país, porque ayuda a entender muchas cosas y a disfrutar mucho más de ciertos ambientes, escenarios y lugares.

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