De las arenas a las nieves, trekking en Marruecos por Rafa Pola

Hoy paso por aquí para dejaros un artículo que ha escrito uno de mis compañeros de trekking en Marruecos, Rafa Pola, para El Viajero de El País.

Foto de Rafa Pola incluida en el artículo de El Viajero.

Lo comparto no solo porque Rafa es un escritor genial y un compañero de trekking muy divertido, sino por la emoción de releer, tantos meses después la crónica de la que fue mi primera aventura en Marruecos, y también porque en la foto que véis en el artículo, esa albondiguilla roja y azul soy yo y  me hizo mucha ilusión verme en un suplemento que no me pierdo ninguna semana 🙂

Aunque veáis sol en los montecillos del fondo, los que estábamos a este lado del cañón estábamos sufriendo por bajar cuanto antes de una pequeña loma llena de fósiles porque nos sorprendió una granizada del copón.

Os recomiendo leer el artículo donde, además, tenéis los datos de Mustafá, nuestro guía en las aventuras de Marruecos, por si queréis vivir la vuestra propia con total seguridad 🙂

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Djemaa el Fnaa

 

La plaza de Djemaa el Fnaa amanece ante los ojos del turista siempre llena, bulliciosa, exultante. Los vendedores cantan las ofertas mientras los jóvenes, ajenos a su palabrería, la cruzan para dirigirse a la otra punta de la ciudad. Las mujeres caminan aprisa, siempre atareadas y los ancianos hechiceros que te miran a los ojos parecen contener todos los siglos pasados en el fondo de sus pupilas.
Cae la noche y nos emboban sus faroles y luces que se encienden en cada tenderete, tienducha, en todos los carros de comida ambulante.  Aplaudimos, nos henchimos del aire fresco que se respira desde las terrazas y que no llegará a pie de calle sin haber sido respirado una, dos o cientos de veces, sorbemos algo de té.
Son dos plazas diferentes, la del día, y la de la noche, y sin embargo, subyace bajo las dos un mismo alma. Corren bajo sus adoquines el mismo agua, la misma sangre. Y, una vez vuelves a verla por segunda vez, se te cae la venda de ojos y empiezas a intuir ese ente extraño, mistérico, perturbador que ha fundido durante los siglos a esta plaza y sus moradores, los vivos y los muertos, hasta que éstos también se han convertido en uno.
La plaza de Djemaa el Fnaa tiene algo que da miedo, en la forma en que da miedo todo lo desconocido desde un parto hasta la muerte. Te mira de frente desde el fondo de sus antiguas pupilas retándote a adentrarte en los misterios que encierra. Con suerte, algún día, nos dejará vislumbrar parte de alguna verdad. De momento, somos afortunados por haber logrado salir de ella sin más locura que la que ya llevábamos, sin más dolor que el de seguir enfrentándonos a la vida.